En CERES, reconocemos que la familia es un pilar fundamental en la reinserción y reintegración de las personas privadas de la libertad. Como principal fuente de apoyo emocional, moral, social y económico, la familia juega un rol clave en este proceso. Mantener el contacto con el exterior no solo es un derecho humano, sino también una estrategia esencial para la rehabilitación y la construcción de una sociedad más justa e inclusiva. Por ello, las políticas penitenciarias deben priorizar el fortalecimiento de estos lazos, beneficiando tanto a los individuos como al tejido social.
Además, sabemos que el costo económico de tener a una persona en prisión impacta gravemente a las familias, generando desgaste patrimonial, físico y psicológico, lo que a menudo lleva a la ruptura de vínculos y al abandono. Por eso, en CERES promovemos el trabajo y la capacitación como herramientas transformadoras. Este enfoque no solo reduce el impacto económico de la prisión, sino que también abre puertas a oportunidades de empleo y desarrollo que, en muchos casos, no eran accesibles en libertad. Así, creamos un ciclo de mejora económica y social que beneficia a las personas, sus familias y la comunidad en general.
En CERES, creemos en segundas oportunidades y en construir un futuro más inclusivo.